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CALLES Y PLAZAS

1. PLAZA DE LA CONSTITUCIÓN

La plaza de la Constitución, llamada al principio plaza de Prim, nació prácticamente con la ciudad, dada su cercanía con la línea de contravalación, que casi la atravesaba. Ha sufrido muchas modificaciones durante estos 140 años hasta el punto incluso de que ha sido capaz de albergar desde cuarteles hasta recintos aduaneros pasando por el actual aparcamiento subterráneo. Es uno de los puntos neurálgicos de la ciudad en la actualidad.

Su especial situación, con la línea de contravalación casi encima, convierten a la plaza de la Constitución en un punto clave del urbanismo linense. Muy poco después de que La Línea se segregara de San Roque, en 1877, la entonces plaza de Prim fue rellenada con tierra hasta la rasante actual gracias a las aportaciones vecinales porque el Ayuntamiento no disponía de dinero para ese tipo de proyectos.

A partir de esa época, la plaza formó junto a otras calles cercanas el eje del desarrollo de la ciudad. La siempre popular Explanada, llamada luego plaza del Generalísimo hasta finales de los años setenta, era casi el límite del casco urbano, con independencia de que en el extrarradio hubiera otros núcleos habitados, como La Atunara, El Zabal o El Conchal, donde existían barracas y viviendas de pescadores.

En sus primeros años fue una auténtica plaza de pueblo, levantada unos centímetros sobre el nivel general del suelo. Estaba casi cerrada y sólo tenía algunas conexiones de salida por las calles Real, San José (no siempre), Carboneros y Clavel. En el centro había una gran farola de hierro y un quiosco para la venta de periódicos y revistas propiedad de Eleuterio Tabera, donde se congregaban tertulias de la época. Aquella plaza era punto de reunión de todo tipo de ciudadanos dada su amplitud. Incluso se apoyaban en los largos poyetes que había en una de sus aceras y que pueden apreciarse en fotografías de entonces.

En su lado sur estaba el recinto aduanero, derribado a principios de los años setenta después de que La Línea ganara término municipal habitable en dirección hacia Gibraltar. Al este, casi en el centro, se encontraba el cuartel de carabineros, demolido también. Poco a poco, la plaza fue convirtiéndose en una verdadera explanada. En medio quedó una acera que luego sirvió de descanso a los taxistas cuando éstos se establecieron allí. En la rotonda más cercana a la parada de autobuses de la CTM había un reloj que también desapareció con el tiempo, lo mismo que varios de los edificios.

A principios de los setenta, desaparecido el edificio de la aduana, quedó un desnivel según se llegaba desde la Ciudad Deportiva. Este acceso desapareció también cuando se construyó la fuente, por lo que los vehículos accedían ya unos veinte metros más adelante, justo por el sitio donde antes estaba el paso de vehículos por la aduana. En 1985 comenzó el faraónico proyecto de construcción de un aparcamiento subterráneo, que duró más de un año y que dejó la plaza convertida en lo que es hoy, un auténtico paseo desangelado. Peor quedó luego cuando en 1994 se decidió modificar la fachada del edificio de Correos, uno de los más modernos de la ciudad. La reconversión estética fue para peor porque quedó una inmensa y feísima fachada blanca que hasta resultaba molesta cuando se reflejaba el sol. Hace unos años, el Ayuntamiento ordenó la mejora de la misma para tratar de acondicionarla a los deseos de embellecimiento general de la ciudad.

En la acera contraria, la de los bares, se mantiene intacto el recuerdo del trasiego de trabajadores españoles que iban a Gibraltar. Todavía permanecen en el recuerdo bares tan representativos como el España (en la parte de la calle Real), Alcoba, Sevilla, Siete Puertas… En ellos se congregaban los linenses y muchos de ellos utilizaban aquella zona para ganarse la vida de la manera más honrada. Loteros, limpiabotas, corredores, vendedores… todo tipo de personajes transitaban de un sitio para otro intentando ganarse el sustento diario.

Por la zona norte de la plaza, desde hace muchos años, pasan y estacionan los autobuses urbanos de la CTM, los populares coches amarillos.

Pero, sin duda, el edificio más emblemático de esta explanada es la Comandancia Militar, hoy Museo del Istmo. Es el edificio más antiguo de la ciudad, aunque fue remodelado hace unos años para convertirlo en eje de la cultura local. El edificio sigue erigiéndose con solera sobre la plaza pero la cercanía del aparcamiento subterráneo le resta protagonismo.

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