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LUGARES

En Gente de La Línea alentamos la participación de nuestros lectores y les invitamos a que nos expresen sus impresiones, ideas, comentarios y sugerencias, bien en esta página habilitada para ello, bien en las distintas nótulas que la componen. (Foto roberto(c)pecino).

1. CHALET D’AMATO

El solar que actualmente alberga la sede de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo era a principios del siglo XX propiedad de la familia Ramírez Galuzo. Sobre él se ubicaba un barracón de madera con techumbre de chapas de hierro, conocido con el nombre de Salón Canela, lugar utilizado como juegos de bolos. Poco después fue utilizado como teatro de feria (teatro María Gurina), una especie de café cantante donde se bebía y se bailaba.

Tras esto, el solar fue comprado por Francisco Villar Sánchez por 6.000 pesetas, pagadas en dos plazos. El buen empresario que era se propuso la creación de un teatro en condiciones, al que le dio el nombre de “Salón Pascualini”, en memoria de su hijo Pascual, fallecido a temprana edad. Este teatro, inaugurado en 1910, alcanzó pronto una gran popularidad, sobre todo en Gibraltar, por su amplio repertorio de zarzuelas y sainetes. Fueron muchas las compañías importantes que frecuentaban el citado lugar. Entre ellas la compañía de los Duques de Sevilla, la de Murillo o la comedia de María Guerrero.

Después de varios años de éxito, el teatro se deterioró y dejó de funcionar allá por el año 1935. No era rentable reconstruirlo, tampoco repararlo y aún menos en plena guerra civil. En 1939, el ruinoso y glorioso coliseo linense fue comprado por Biaggio D’amato Fucci, un comerciante de origen maltés, quien ordenó su derribo para construir la que desde aquella fecha fue su residencia familiar. La construcción del chalet se le encargó al arquitecto italiano Francisco Facio, quien realizó las obras del proyecto diseñado por el arquitecto Eligio Fernández Quiñones.

El edificio es de estilo racionalista, movimiento arquitectónico nacido en Alemania a principios de los años 30 y considerado como origen de la arquitectura moderna. Es una limpia composición de volúmenes cúbicos y estética neoplástica, con detalles expresionistas en el vallado exterior. Su singularidad es compartida solamente por otras dos casas en toda Andalucía.

En sus orígenes era un edificio rodeado por un jardín plagado de flores, que junto a las ruidosas fiestas dadas por Biaggio D’amato, eran una de las mayores características del chalet. Con el paso de los años, fallecido ya el propietario del inmueble, fue cayendo en el abandono, convirtiéndose en el hogar de numerosas personas sin casa, lo que ocasionó quejas repetidas de los vecinos de las inmediaciones. Por esta razón el Ayuntamiento proyectó expropiar el edificio y restaurarlo, pero debido a las dificultades financieras y a los problemas con los herederos, el proyecto se retrasó.

El 16 de enero de 2002 sería la fecha que marcaría una nueva etapa en la historia de este emblemático edificio linense, pues es en esta fecha cuando comenzaron las obras de restauración para la ubicación de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en el antiguo y por siempre conocido chalet D’Amato. Hoy alberga la sede linense de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

2. CEMENTERIO

La Línea de la Concepción no dispuso de un cementerio en condiciones hasta el 14 de mayo de 1906, cuando se inauguró el actual tras muchas vicisitudes. Hasta entonces, los fallecidos linenses recibían sepultura en el llamado cementerio viejo, situado al final de la calle Jardines y de deficientes condiciones en todos los sentidos. Veintisiete años de trámites burocráticos, de proyectos, de compra de solares que con el paso de los años se volvían inadecuados, etc., dieron paso en 1906 a un nuevo recinto, situado en la prolongación de Punto Ribó, en el Zabal, que luego ha ido sirviendo de referencia para el crecimiento urbano de La Línea.

Juan Bautista Fariñas fue el alcalde que hizo realidad aquel deseo de años aunque las primeras gestiones las llevó a cabo muchos años antes Luis Ramírez Galuzo. Con el nuevo cementerio se cubrían por fin las necesidades, no sólo de la época, sino de generaciones venideras.

El patio de los primeros años se convirtió en central poco después con la construcción de dos naves laterales de gran amplitud. Como cuenta Enrique Sánchez Cabeza en ‘La Línea de mis recuerdos': “estaba bien cuidado; su aspecto correspondía al recato y la respetabilidad que impone un recinto de su naturaleza, sin llegar a lo solemne. En su patio principal empezaban a levantarse los primeros mausoleos familiares, entre los que recuerdo los de las familias Muñoz Molleda y Berenguer”.

En la parte trasera del cementerio, las autoridades de la época decidieron en su momento habilitar un pequeño terreno tapiado con una puerta de acceso independiente para dedicarlo a cementerio civil, donde recibían sepultura las personas que no profesaban la religión católica. El escaso uso diario de este espacio fue provocando un considerable deterioro hasta que con la llegada de la república, en los años treinta, el Ayuntamiento presidido entonces por el alcalde Antonio Martínez Fuentes decidió acabar con esa distinción y unificó los dos cementerios tanto en el ámbito físico como en cuanto a mantenimiento y control hasta hacer un solo servicio.

El cementerio quedaba durante buena parte del siglo pasado prácticamente aislado, hasta el punto de que los mayores cuentan que los duelos se despedían en la avenida de María Guerrero, en el cruce con la calle Alemania. La escasez de medios de transporte dificultaba enormemente la llegada hasta el lejano cementerio, que casi quedaba aislado cerca del Higuerón, enfrente de la falda oriental de Sierra Carbonera, la zona llamada el cerrito. Sólo acompañaban la venta La Gloria, algunas casas bajas, patios de vecinos, un destacamento de la Guardia Civil, los árboles, una escuela y una muralla que daba a un huerto. Frente al cementerio había unos bancos que servían de descanso para esperar a los coches de caballo que transportaban a la gente hacia el centro de la ciudad.

Años después, el entorno fue cambiando hasta el caos actual. El cementerio fue creciendo hasta el límite actual y sólo el espacio exterior del camposanto se ha mantenido ajeno al desastre urbanístico de la carretera, que se colapsa en días como el de los difuntos o cuando se produce algún contratiempo.

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