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063. FRANCISCO ODA. Sociólogo

El linense Francisco Oda Ángel será el director del futuro centro del Instituto Cervantes en Gibraltar. Doctor en Sociología y doctorando en Derecho, es desde 2004 jefe de estudios de la Escuela Diplomática (Ministerio de Asuntos Exteriores).

Es profesor titular de Sociología de la Universidad Rey Juan Carlos. También peridodista es un gran conocedor de la zona puesto que fue director del Instituto Transfronterizo del Estrecho de Gibraltar desde 1999 hasta el cierre en 2003 y vicepresidente de la Asociación de la Prensa del Campo de Gibraltar (2001-2004). Experto en Sociología de las fronteras, es autor de numerosos artículos y libros relacionados con esta materia. Entre ellos destacan: ‘A Singular International Area: Borders and Cultures in the Societies of Strait of Gibraltar’, ‘Inmigración y Comunicación Transfronteriza en el Mediterráneo’ y ‘Gibraltar: la herencia oblicua. Un estudio sociológico sobre el contencioso’.

Francisco Oda es Doctor en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid, Magíster Universitario en Diplomacia y Relaciones Internacionales por el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación (1996) y Máster en Comunicación por la Universidad Complutense y Radio Nacional de España (1998). Es también profesor invitado en la University of San Diego (EE UU), donde ha realizado estudios sobre comunicación y migraciones. Antes de ocupar su nuevo cargo, fue Jefe de Estudios de la Escuela Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, un centro creado en 1942 que tiene entre sus cometidos la preparación de aspirantes a la función pública internacional.

Experto en cuestiones como cooperación transfonteriza, cohesión social, inmigración, Gibraltar, construcción de la Unión Europea o relaciones internacionales, sobre las que ha escrito varias publicaciones, cuenta además con una amplia experiencia en eventos internacionales, como organización de cursos para diplomáticos o programas del Ministerio de Exteriores. Es además profesor titular de la Universidad Rey Juan Carlos (Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales) y periodista. De hecho, estuvo en la plantilla de Radio Nacional de España Radio 5 en La Línea a comienzos de los años noventa.

Cuando se cumplió un año de los acuerdos de Córdoba sobre Gibraltar escribió un artículo cuya introducción dice así:

Se cumple un año desde que se anunciara la Declaración de Córdoba, fruto de la primera reunión ministerial del Foro de Diálogo sobre Gibraltar. La Declaración representa un acontecimiento de primer orden en la cuestión de Gibraltar que ha hecho posible, por primera vez en la historia del contencioso, que la colaboración entre las partes tenga efectos beneficiosos directos sobre los ciudadanos de ambos lados de la verja. Gibraltareños y campogibraltareños están valorando muy positivamente los cambios experimentados en este año conforme se han ido cumpliendo escrupulosamente los compromisos acordados según el calendario previsto. Pero no sólo la población. La mayor expresión del buen momento que viven las relaciones se evidencia en el hecho de que la primera reunión del Foro de Diálogo, después de la Declaración de Córdoba, se celebrase en la propia ciudad de Gibraltar, el 26 de marzo de 2007. En ella se pudo constatar el buen clima existente y se avanzó en “los trabajos para la ejecución por concurso del nuevo Edificio de la Terminal del aeropuerto, que está desarrollando el Gobierno gibraltareño y en el que se tendrán en cuenta las características acordadas en la reunión ministerial del Foro de Diálogo”.

Dieciocho meses de intensos contactos sirvieron para cerrar, el 18 de septiembre de 2006, una declaración con contenidos muy prácticos que no alteran las posiciones tradicionales de los participantes, y en el que el Gobierno de Gibraltar entiende y acepta que las referencias a la soberanía deben ser bilaterales entre el Reino Unido y España, lo cual, de alguna manera, pone de manifiesto la vigencia del Proceso de Bruselas.

La constitución del Foro de Diálogo, el 16 de diciembre de 2004, fue una novedad en las relaciones entre España y Gibraltar que desbloqueaba la situación post-referéndum creada a raíz de la propuesta británica de compartir con España la soberanía sobre el Peñón. Con muchas dudas sobre la validez de la nueva estrategia, el Foro de Diálogo nació con graves críticas y más escepticismo entre la clase política y algunos especialistas en Derecho Internacional Público. Sin embargo, la fórmula basada en crear un ámbito para el diálogo añadía, por primera vez, un elemento de vital importancia que no se ha tenido en cuenta: el Gobierno gibraltareño, a través de su participación directa en el proceso de diálogo, estaba reconociendo la reclamación histórica de España, algo que se había negado a hacer hasta entonces. El argumento gibraltareño afirmaba que la solución del contencioso era un asunto exclusivo entre Gibraltar y el Reino Unido. El resultado fue la constitución de un foro para el diálogo en el que todos los participantes tienen voz propia y separada.

La conquista de la confianza mutua ha sido el principal resultado de todo este proceso que apostó por cuidar las formas y por alzar la cooperación por encima de las legítimas aspiraciones de soberanía. Esta fórmula de cooperación al margen de avances en la soberanía fue un viejo sueño de Gibraltar. En 1972, siendo Gregorio López Bravo ministro de Exteriores, los gibraltareños defendieron este procedimiento como única forma de normalizar las relaciones con España y posibilitar la apertura de la verja. Esta idea fue rescatada por Peter Caruana, ministro principal de Gibraltar, y se convirtió en objetivo primordial de su política hacia España. Para el líder gibraltareño el reto estriba en alcanzar el máximo autogobierno sin llegar a la independencia total. El objetivo de Gibraltar en el Foro ha sido claro. Deseaba obtener por escrito la garantía española de la creación de un nuevo marco que diera el derecho de veto a Gibraltar frente a cualquier decisión sobre su futuro, algo, por otra parte, muy lógico desde la óptica gibraltareña. Desde su llegada al Gobierno, en 1996, Caruana diseñó un modelo de relación con España basado en el cumplimiento de los deseos de los gibraltareños sobre el futuro del Peñón. Si en el Preámbulo del Decreto Constitucional ya se obtuvo el compromiso británico a tal fin, ahora era necesario ese mismo compromiso por parte de España.

Desde el punto de vista gibraltareño, la creación del Foro de Diálogo sobre Gibraltar supuso el reconocimiento de la realidad de Gibraltar que reclama su derecho a decidir su propio futuro. Caruana ha apuntado en varias ocasiones que “ningún modelo para el futuro puede ser otro que el que sea libremente aceptado por los gibraltareños”. Esa posibilidad ha sido ahora una realidad a través del Foro. Caruana ha alcanzado un buen acuerdo para Gibraltar haciendo entender a España que el camino de la confianza y normalización mutua mediante el reconocimiento y la cooperación podría ser prometedor a largo plazo para sus aspiraciones.

Tras el anuncio de los entendimientos alcanzados en la Declaración de Córdoba la vida política interna de Gibraltar ha pasado por momentos muy interesantes. Joe Bossano, líder de la oposición y del GSLP (Gibraltar Socialist Labour Party), emitió un comunicado en el que anunció que no aplicaría los entendimientos relativos al aeropuerto de Gibraltar y a la puesta en marcha del Instituto Cervantes, si alcanzase el poder. En primer lugar, ha expresado su queja por la aceptación de Peter Caruana de dejar por escrito que la soberanía de Gibraltar es una cuestión que compete a España y el Reino Unido. Igualmente, considera que “cualquier cuestión de soberanía sobre el aeropuerto, el Istmo o cualquier otra cosa es competencia exclusiva entre el Reino Unido y Gibraltar, y que España no tiene absolutamente nada que decir”. Respecto al Instituto Cervantes, la oposición gibraltareña opina que “es un intento equivocado de incrementar la influencia española en Gibraltar y asistir a un proceso de ósmosis que allane el camino para que futuras generaciones estén menos identificadas con el Reino Unido, sean menos pro-británicos y se sientan más identificados con España y más pro-españoles”. A pesar de estas intenciones, el líder de la oposición no se sumó a la convocatoria del colectivo de veteranos de guerra “Rock Firm Group” que logró reunir, el 24 de octubre de 2006, a unas 75 personas para expresar el rechazo a los resultados del Foro de Diálogo. No hay que olvidar que Caruana ganó las elecciones de 1996 con el eslogan “Diálogo con España”, mientras que Bossano, que entonces era el ministro principal, las perdió con su “Ninguna esperanza a España”.

Históricamente no es la primera vez que un 18 de septiembre se convierte en un día importante para Gibraltar. Ese mismo día de 1942, en medio de la tragedia de la evacuación de la población civil como consecuencia de la II Guerra Mundial, nació la Asociación para el Avance de los Derechos Civiles de Gibraltar (AACR), que marcó la lucha por conseguir los derechos civiles de los gibraltareños hasta entonces obviados por la potencia administradora. Una reunión de trabajadores en el local del Prince of Wales Football Club inició una nueva página en la historia de la ciudad. A instancias de Albert Risso, un experimentado sindicalista, la AACR pudo conciliar los intereses militares británicos y los civiles pero, sobre todo, consiguió dar voz a los habitantes colonizadores del territorio cedido por España al Reino Unido en 1713. Esa labor la ejecutó y potenció durante 40 años Sir Joshua Hassan (1915-1997) como líder indiscutible de la escena política gibraltareña, primero siendo alcalde y luego ministro principal (1964-1969 y 1972-1987). El entonces muy joven Hassan fue elegido aquel 18 de septiembre vicepresidente de la AACR, cambiando la historia de la ciudad para siempre. Para Hassan el reto era alcanzar el máximo autogobierno sin llegar a la independencia total puesto que, como él mismo argumentaba, “Gibraltar es demasiado pequeña y quedaría a merced de un vecino demasiado grande”. Desde entonces no han cesado los esfuerzos por demostrar a británicos, españoles y a ellos mismos que era necesario construir un sistema que les permitiera decidir sobre su futuro.

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