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045. JUAN MACÍAS. Cofrade y monárquico

Juan Macías López nació en La Línea de la Concepción en marzo de 1917. Fue en el seno de una familia de profundas convicciones religiosas, de las pioneras de la ciudad, donde llevan afincados desde antes que el núcleo poblacional se constituyera en municipio. Era hijo de José Macías Gil, natural de Igualeja, y Antonia López Dueñas, de Alcalá de Henares, pero residente La Línea desde muy niña, donde vivía la familia paterna. Tuvieron ocho hijos pero sólo cuatro llegaron a adultos. La Plaza Vieja, a la que daba la parte de atrás de su casa, fue el lugar de sus primeros juegos.

Su padre regentó uno de los negocios más pujantes de La Línea a principio del siglo XX. Era propietario de una finca amplia, ubicada en uno de los lugares más estratégicos de la población. Se extendía desde la calle Real, a la altura de donde hoy se encuentra charcutería Guijuelo, donde estaba el domicilio familiar, hasta la Explanada, prolongándose hasta donde está el salón Mónaco. Abarcaba distintos negocios: en la esquina estaba el bar Esperanto, donde Juan Macías López empezó a trabajar siendo muy niño ayudándole a su padre a moler café. Con fachada a la Explanada el comerciante regentaba personalmente una oficina de cambio de moneda. A continuación tenía una posada con cochera, con postas de caballos, donde estacionaban los carruajes que arribaban a la ciudad y desarrollaba una intensa actividad. También había una carnicería que atendía un primo.

El abuelo de su madre, don Lutgardo López Muñoz, fue el primer alcalde de la ciudad, que consiguió la segregación de San Roque. Juan Macías está emparentado con todos los Lutgardos y con los apellidados López y Ramírez, que han venido sucediendo al frente del Ayuntamiento de La Línea de la Concepción. Su hermano, Lutgardo Macías López también fue alcalde de la ciudad en la década de los cuarenta. Tuvo tres hijos, dos viven en la ciudad, y nueve nietos.

Juan Macías López fue un hombre de inquietudes que le permitieron desarrollar una intensa actividad social en La Línea abarcando distintas parcelas. A principios de los años treinta se esforzó en la potenciación del Carnaval organizando bailes de máscaras y diseñando disfraces ingeniosos junto a otros personaje conocido de entonces, como Pocholo, que fue muchos años carcelero del depósito de presos situado en la calle Granada esquina a Crespo.

Desde muy joven, Juan Macías López se identificó con las corrientes monárquicas de la época, tendencia que quedó de manifiesto en varias iniciativas. Durante muchos años se relacionó con la Casa Borbón, entonces en el exilio portugués, con los que mantuvo correspondencia frecuente. Tenía contactos directos con el Conde de Malladle y el Marqués de Mondéjar. Fue cabeza destacada de los círculos monárquicos del Campo de Gibraltar, junto con Ramón García Vero, ‘El Chato Huertas’, de Algeciras, en unos años que estas actividades estaban perseguidas. No había Navidad que no recibiera recibía una felicitación personal de don Juan de Borbón desde Estoril. Fue invitado a la boda de don Juan Carlos y doña Sofía, siendo Príncipes de Asturias, a los que tuvo ocasión de saludar personalmente cuando visitaron La Línea de la Concepción en 1969. Cuando el yate de la Casa Real ‘Villa Giralda’ amarraba en el puerto de Algeciras solía visitarlo para saludar a Sus Majestades.

Las convicciones católicas y los ideales monárquicos influyeron que se fuera al servicio militar voluntario como Requeté con tan sólo 18 años. A los diecinueve ya ostentaba los galones de sargento. Recibió varias distinciones en reconocimiento a su ‘apoyo y socorro’ a los necesitados.

No podemos dejar de hacer referencia a la amistad estrecha que mantenía con Leopoldo Pérez Mafé, un hombre bueno, también monárquico, con el que colaboró estrechamente, ayudando a personas de uno y otro bando, que se encontraban en situaciones difíciles.

Tampoco podemos olvidar la condición de melómano de Juan Macías López. Al frente de Educación y Descanso, de la que fue delegado local durante varios años, desarrollo una intensa labor social y cultural. Colaboró en la creación de una banda de música, que dirigió el maestro Soro, y en la organización de una asociación lírica, que estrenó varias zarzuelas en la ciudad. Formó parte del elenco artístico interpretando romanzas en público.

Iniciativa suya al frente de la delegación de Educación y Descanso fue la organización de la primera cabalgata de Reyes que salió en La Línea de la Concepción a principios de los cuarenta. También colaboró con la cabalgata de Feria sacando algunas carrozas que han dejado una huella indeleble en la ciudad, como Don Quijote de la Mancha. El ingenioso hidalgo estuvo encarnado por Lara, un simpático vendedor de chucherías que se ponía en la puerta del Teatro Cómico, y Sancho Panza fue otro conocido personaje linense, Brillantina.

Desde la delegación local de Educación y Descanso impulsó la celebración de festivales  en la ciudad y la proyección de artistas locales, como Saldiguera, que comenzó actuando como cómico durante los descansos de las zarzuelas y llegó a ser un artista afamado, actuando en países distintos del mundo, imitando a Cantinflas.

Iniciativa suya también fue la llegada a La Línea de los gigantes y cabezudos de Jerez de la Frontera a principios de los cuarenta gracias a la gran amistad que mantenía con el empresario Brotons. Hasta hace tan sólo unos años han estado desfilando en la cabalgata de Feria.

Pero sin duda la contribución más importante de Juan Macías López al acerbo cultural de La Línea de la Concepción se encuentra en el mundo cofrade. Fundó dos hermandades de penitencia: la de Nuestro Padre Jesús Cautivo y Rescatado, conocida popularmente como Medinaceli y la Sacramental, Real y Venerable Hermandad del Santísimo Cristo de la Misericordia y María Santísima de la Amargura. También colaboró con otras, como El Gran Poder y Flagelación. Asimismo formó parte de Adoración Nocturna y otros grupos religiosos de la población.

En diciembre de 1946 contrajo matrimonio con doña María Simavilla Blanco y se trasladaron a Madrid en viaje de novios. Las circunstancias del destino depararon que visitaran la iglesia donde recibe culto el Cristo de Medinaceli.  Debió impactarles porque lo cierto es que poco después fundaba en La Línea la cofradía del Medinaceli, primero con una imagen de pasta de madera y después con la impresionante talla actual. La Hermandad fue creciendo a base de muchos sacrificios. Tuvo la iniciativa de organizar un comedor social que permitió atender muchas de las necesidades de entonces, que eran importantes. Asimismo fabricó con sus propias manos los primeros enseres que tuvo la Hermandad, haciendo hachones de latón y los cirios, entre otros. Su esposa también fue una estrecha colaboradora, confeccionando con la ayuda de su madre y su hermana el hábito del Cristo, las túnicas de los nazarenos utilizadas en los primeros cortejos. También diseñó y bordó los escudos de la hermandad.

La centuria de romanos que acompañaba al Medinaceli durante los primeros desfiles procesionales causó impacto en la ciudad.

La cofradía le permitió entablar amistad con el padre Justo Martínez de Serdio, que además de sacerdote era médico, y una persona muy involucrada con el problema social de la ciudad, hasta el punto que se atrevió a escribirle una carta al mismo General Franco denunciando la situación en la que se encontraba la población, por lo que fue deportado a Marruecos. Cuando regresaba de incógnito a La Línea, parece que por La Atunara, se alojaba en el domicilio de Juan Macías López, en el número 64 de la calle Granada, inmueble que asimismo forma parte de la historia de la Hermandad, porque acogió la imagen del Santísimo Cristo durante bastante tiempo en dos ocasiones distintas: primero desde que llegó a La Línea hasta que se acondicionó la capilla en el grupo escolar Santiago, y luego, cuando se derrumbó parte del techo, hasta que reunió condiciones para acoger a la venerada imagen nuevamente.

Juan Macías se atrevió a invitar al teniente general Barroso, gobernador militar del Campo de Gibraltar, a que presidiera el acto bendición de la imagen del Cristo de Medinaceli, celebrado en el patio del grupo escolar Santiago y a su hija, para que fuera la madrina de la venerada imagen. Luego, en más de una ocasión, siendo ministro de la Guerra, el prestigioso militar y su hija se desplazaron a La Línea para acompañar al Cautivo en la estación de penitencia por las calles de la ciudad en la noche del Miércoles Santo.

También fue iniciativa de Juan Macías López el tradicional besapies al Cristo de Medinaceli, que se celebra cada año el primer viernes de marzo, y constituye la mayor manifestación religiosa de la ciudad, que convoca cada edición a miles de personas.

El carácter inquiero de Juan Macías López conllevo que surgieran diferencia con los integrantes de la junta de gobierno del Medinaceli y la dejara cuando los cimientos de la cofradía eran sólidos. Poco tiempo después fundó en la parroquia de la Inmaculada la cofradía de la Amargura, también sin apenas medios y con muchos esfuerzos. Compró un trono de madera, muy pesado, a la cofradía de la Paloma de Málaga. Consiguió la donación de una Dolorosa por parte de José Gabaldón, una talla completa que en la actualidad recibe culto en la parroquia de Santiago. La esposa del fundador volvió a convertirse en una eficaz colaboradora. María Alicia Simavilla Blanco, confeccionó, diseñó y bordó el manto, las banderolas de las trompetas, el estandarte y los escudos de la cofradía entre otros. Siendo  todavía hermano mayor vivió la donación de la imagen de la actual cotitular de la cofradía por parte de Gregorio Meneses y la adquisición del Cristo de la Misericordia.

La droguería de la que era propietario Juan Macías, en la calle Isabel la Católica, esquina a Padre Rodríguez Cantizano, fue muchos años punto de encuentro cofrade, concentrando a numerosos hermanos y amigos. Era un lugar donde se vivía la Semana Santa durante todo el año.

También hay que destacar la iniciativa de traer bandas de tambores y cornetas y tambores, como la Legión o Infantería de Sevilla, entre otras, que prestigiaron los desfiles procesionales de La Línea de la Concepción durante las décadas de los cincuenta y los sesenta.

Asimismo, durante muchos años organizó veladas de boxeo, festivales taurinos, zarzuelas y recitales de artistas locales, siempre a beneficios de las cofradías que fundó.

No podemos de dejar de hacer referencia a la amistad estrecha con Narciso Perales Herrero, profesor y catedrático; el maestro Rafael Jaén, con el que se le solía ver cada vez que venía por la ciudad;  Gabriel Baldrich, que se ocupó de la contabilidad de sus negocios; y José María Geronés, autor de la talla del Cristo de la Misericordia, que visitaba su casa con frecuencia.

Juan Macías López comenzó a padecer diabetes siendo todavía joven, dolencia que junto a los problemas cardiacos que sufría, debilitaron la salud. Murió el día 15 de diciembre de 1969, a los 52 años, en su domicilio de la calle Granada.

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