Pepito

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032. LA ATUNARA. Barrio de pescadores

El origen de La Atunara no es el de un barrio cualquiera de La Línea. Textos constatables señalan que sus raíces se remontan al siglo XIII en virtud de unas circunstancias geográficas de las que se derivan que debió haber actividad comercial en la zona desde tiempo inmemorial.

El historiador José Carlos de Luna escribió lo siguiente en su Historia de Gibraltar. “En el año 1333, el Rey Don Alfonso, en las mediaciones de los ríos Palmones y Guadarranque, atacó a las tropas árabes, las cuales, ante el imprevisto ataque, se atemorizaron y emprendieron la huida hacia el istmo de arena de La Tunara para ampararse en Gibraltar”. Además, en la Real Cédula de 6 de marzo de 1634 se hace referencia a los lugares de La Tunara y de La Caleta como pertenecientes a la jurisdicción del Tercio del Mar de Marbella y Estepona en el Reino de Granada.En 1735 se refuerza la línea de Contravalación de Gibraltar, construyéndose un pequeño fuerte de artillería en la Tunara (llamado por supuesto fuerte Tunara) para cubrir la retaguardia del fuerte de Santa Bárbara.

Aquellos orígenes estuvieron ligados estrechamente a la pesca de bajura dada la riqueza de fauna marina de sus aguas.

En cuanto al nombre del barrio, el archivero Francisco Tornay consideraba que podría proceder de tunas o chumberas, por la gran cantidad de chumberas existentes en estos lugares. Sin embargo, todos los cactus (especie a la que pertenece la chumbera) son originarios de América, así que esta planta no pudo introducirse en esta zona hasta después de 1492, por lo que se puede pensar que el nombre deriva de la pesca de atunes que se realizaba en esta zona. La denominación de Atunara aparece por primera vez en las actas municipales en la sesión del Ayuntamiento del 6 de marzo de 1882, según se señala en el libro que escribió sobre La Línea José de la Vega.

Todos estos datos proporcionan seguridad al decir que La Atunara fue el primer núcleo con población de La Línea. Es posible que sus primeros pobladores fueran pescadores procedentes de lo que hoy es la Costa del Sol además de otros países mediterráneos, como se refrenda en algunos apellidos de este barrio (Carcaño, Seliva, Forrodona…).

Como todo por aquel tiempo, el barrio estaba formado por barracas de madera y chapas metálicas en perfectas alineaciones de sus calles, paralelas a la playa y separadas cada barraca de su colindante en un espacio de medio o un metro, separación que tenía como fundamento el servir de cámara aislante de los ruidos de las barracas vecinas.

En julio de 1912, ante el crecimiento de población del barrio, comenzó a redactarse el proyecto de un camino vecinal que enlazara La Atunara con San Bernardo. Toda esta zona se encontraba casi siempre incomunicada por la cantidad de arena que se acumulaba por los temporales de levante. Así, poco a poco debido a las paralizaciones, se terminó de construir lo que luego se llamaría avenida de Menéndez Pelayo.

José de la Vega sigue contando en su libro que en 1924 se empezó a edificar en los primeros terrenos de La Atunara el Hospital Municipal. Las calles empezaron a dejar de ser de arena para convertirse en vías asfaltadas. Llegó el alcantarillado, el agua potable y la luz. Las barracas empezaron a desaparecer para dar paso a viviendas de una o dos plantas de mampostería y tejas y a viviendas destinadas exclusivamente a los pescadores y sus familias.

La Atunara fue tomando cuerpo como es hoy, es decir, calles estrechas y desordenadas pero que proporcionan un tipismo que en nada tiene que ver con el resto de la ciudad. Todavía es corriente ver en las tardes de verano a familias enteras sentadas a la puerta de sus casas, charlando amigablemente y consiguiendo que el barrio mantenga su especial atractivo, como especial atractivo tiene la celebración de la fiesta de la Virgen del Carmen el 16 de julio. El barrio entero se moviliza en la ofrenda a la Virgen Marinera, que luego sale en procesión por las calles de La Atunara y por las aguas del mar. Se le rinde culto en la parroquia que lleva su nombre, inaugurada en 1956 y construida sobre el edificio que albergaba a la anterior, es una de las más pequeñas de La Línea.

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