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014. LOS FORTINES

 

Los fortines son parte relevante de la historia reciente de La Línea. La generación de los años cincuenta se los encontró casi sin darse cuenta emergiendo cada dos por tres. En muchos casos fueron cobijo del ‘amor propio’…pero sobre todo sirvieron de retrete y vertedero. No obstante, se erigieron en compañeros habituales de fechorías y ocultones.

Pero ahí estaban, repartidos por todo el término municipal, deteriorados hasta que hace unos años se empezó una campaña que en teoría debería culminar en su uso como reclamo turístico e histórico.

El conjunto de fortificaciones de este sector se componía de veintisiete obras agrupadas en veintidós fortines, todas ellas localizadas en el término municipal de La Línea, en su mayoría en el terreno delimitado por la antigua alambrada fiscal y la línea fronteriza, aunque había muchos otros por el resto del término.

Alfonso Escuadra explica en uno de sus libros que España fortificó el Estrecho durante la Segunda Guerra Mundial. Las obras empezaron tras la derrota de Francia en el verano de 1940 cuando, impresionado por los recientes triunfos de la Wehrmacht, Francisco Franco jugaba con la posibilidad de hacer realidad sus ambiciones territoriales poniéndose al lado de los alemanes. Sin embargo, éstos volvieron la vista hacia el Peñón y se intensificaron los trabajos de fortificación que en aquellos momentos se estaban llevando a cabo en el istmo arenoso que separa La Línea de Gibraltar. La amenaza real de una acción militar alemana contra el Peñón hizo que lo que inicialmente parecía ser otro de los gestos de Franco hacia Hitler se convirtiera en una de las preocupaciones de los jefes militares británicos; una preocupación que alcanzaría sus cotas más altas entre el otoño de 1940 y la primavera de 1941.

Las obras fueron inspeccionadas muchas veces por los oficiales alemanes de las diferentes misiones relacionadas con los preparativos de la Operación Félix (un plan de asalto del Peñón por parte de un pequeño contingente de fuerzas especiales con apoyo aéreo y artillero). La apertura del frente del Este a comienzos del verano de 1941 significaría el archivo definitivo de la operación y los trabajos de fortificación del campo neutral dejaron de constituir una amenaza a corto plazo conforme se sucedían los fracasos alemanes en Rusia. Los fortines dejaron de ser el parapeto de una fuerza de invasión alemana para quedar sólo como una simple precaución defensiva frente a una posible acción aliada contra España. Esto se mantuvo hasta noviembre de 1942 cuando, apoyándose en Gibraltar, los aliados abrieron un segundo frente desembarcando en África.

Acabadas aquellas condiciones militares que instaron a su construcción, todas esas obras de fortificación constituyeron el singular legado que aquel conflicto dejaría en esta zona. Con el tiempo, los linenses se terminarían acostumbrando a unas estructuras que irían perdiendo progresivamente su significado militar hasta quedar incorporadas a la ciudad como uno de sus elementos característicos.

El concepto táctico sobre el que este proyecto de fortificación fue concebido era el de la defensa en profundidad. En consecuencia, los diferentes elementos que los conforman no estaban pensados para contener al enemigo en una línea fija, sino absorber el empuje de su asalto haciéndoles penetrar y atascarse en un sector que cada vez resultaba tácticamente más complicado para, posteriormente anular la fuerza atacante mediante un contraataque.

Estos fortines, ahora llamados búnkers, corresponden a un concepto característico del pensamiento militar alemán. No en vano, el diseño había contado con el asesoramiento de un equipo de ingenieros militares de la Wehrmacht. Unidades militares españolas y batallones de presos políticos pasaron varios años trabajando en unas obras que terminaron cubriendo la zona de posiciones artilleras, nidos de ametralladoras, atalayas, centralitas y puestos de mando, hasta un total de cuatrocientos noventa y ocho fortines.

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