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117.- AUGUSTO G. FLORES RINDE TRIBUTO A JUAN MESA

Juan Mesa. Plaza Fariñas, 23

Plaza Fariñas, veintitrés,
surtidores y palmeras.
Hogar de “cante” y guitarra,
“tablao” de Juanito Mesa.

Así comienza el poema que Solly Azagury dedicó, en 1969, a Juanito Mesa en su tablao. Creo que este poema es el que más le gustaba a Juan… al menos era uno de sus preferidos. Y realmente, por obra y gracia de un birlibirloque, tal vez por mediación de algún duende flamenco, nos vemos trasportados hoy a aquel rincón tan nuestro de Plaza Fariñas, 23. La Cuadra, recinto entrañable, y no sólo para los amigos de Juan. Valorado y digno de recordar, porque “lo que solloza el bordón aquí la prima lo alegra, y la “soleá” se alivia si el fandango la corteja” como continúa el poema.
Para quienes hemos vivido La Cuadra, y La Cuadra con Juan, es fácil imaginarse que tras esa puerta de ahí… Está Mercedes Moreno con Carrillo, bajo aquella prodigiosa enredadera donde las lagartijas quedaban hipnotizadas al sol de un trémolo por soleá… O nos llegue un ronroneo de gatos que han aprendido escalas y arpegios mientras Ángel Mesa los pastorea al compás de un ronroneo superior… O escuchamos a Toti Mesa que avisa de una llamada de Múnich porque, este carnaval, Juan dará conciertos en Alemania; y Juan volverá, maravillado de la cultura musical de los alemanes, realmente entusiasmado y colmado de reconocimientos hacia él y su arte… Más tarde, a la hora de los cabales, llegará Miguel Mesa, que siempre llega más tarde… Y llegará Lola “la del Cómico” con Manolo el Chófer, y la Paca a cantar una malagueña de su padre, “el cojo Málaga”, y el Fósforo que está montando con Juan una siguiriya antigua… y Paco Clavero con Ani,… Hoy no faltará Manolo Blanco que trae un saludo de Marchena para Juan, ¡Ay, Romance a Córdoba! Imaginar es fácil y es necesario… Vendrá “Juanito Maravillas” con Valderrama, que va a grabar el fandango de Chato Méndez y Juan le dirá como era la cantiña del Chaqueta… Recordarán cómo Camarón, siendo un niño, venía por La Cuadra… Y luego llegará Luis Mañasco con Mari, seguro que con una caja de polvorones, porque para Luis empiezan con la Inmaculada y no se sabe cuando acaban. Luis se sentará debajo del retrato que le hizo a la Niña de los Peines con colores por bulerías… Es tan fácil figurarse que venga esa niña tan grande, tan señora del cante, tan admirada por Juan y por Luís… Y ¿Quién no?… Seguro que viene doña Juana Reina con su Federico, el Caracolillo; bailarán sevillanas de las del rancio aroma a Puente de Triana, acompañados por Juan y sus elegidos. Alejandro Gómez, el niño de Loren Chacón, ya está echando a volar un campaneo serrano de “Ronda flamenca”… Y tantos alumnos de Juan que aparecerán en este día: Inmaculada Cárdenas, Juan Becerra… Tantos. El mejor regalo a un artista es la imaginación… Imaginemos; porque nos hemos reunido para organizar la celebración del cumpleaños de Juan… Que no es hasta el año que viene, ya que Juan nació un 29 de febrero, y esos cumpleaños se celebran cada cuatro… Así de joven se estuvo manteniendo Juan…
Y es muy fácil, créanme, al traspasar ese portón de Plaza Fariñas 23, oír aquel cuchicheo de cuerdas y golpes de caja, como un enjambre de abejas alrededor de las mieles flamencas… Juan y sus alumnos, niños nuestros, como mi hijo Pablo, que aprendieron con él los secretos de la verdad sonora de Andalucía… Cada uno, de quienes hemos tenido la suerte de vivir La Cuadra, tendrá su vívida imagen, la que la memoria mantenga y gracias a la personalidad del admirado amigo Juan Mesa. Juan Manuel Ballesta Gómez, uniéndose a la admiración y el respeto que sus amigos teníamos para él, nos lo deja así de bien dicho: …“los que han tenido la enorme suerte de pasar por este estudio, los que se han beneficiado de tus tertulias y amistad saben que “La Cuadra” está más cerca de una cueva del tesoro que de la simple frialdad de un aula-museo, y su celador, Juan Mesa, es tan imprescindible como irrepetible”. Irrepetible. Imprescindible para que, en el futuro, nuestra gente contemple en esta reconstrucción, sobre este trasplante de recuerdos, la imagen de su valiosa figura y su memoria. Juan-Guitarra, Juan-La Cuadra.
Quienes no la hayan vivido, quienes vengan detrás de nosotros, y quieran iniciarse en el conocimiento de este milagro que fue, sigue siendo ahora, La Cuadra, que lean en estos recuerdos porque son una guía de sensibles trazos, donde hay sincera admiración. De todos los hijos ilustres de éste pueblo, Juan Mesa es de quien más se ha escrito, de todos: En prensa, radio, poemas, artículos, entrevistas… Y él quiso a los linenses con su corazón y con su inteligencia; y, algo que puede parecer dificilillo: se vio correspondido… Por todos, seguramente; ¿del todo? no lo sé… Quizás los nuevos linenses, los que han de venir y que serán mejores, entiendan su persona y hagan que su personalidad figure junto a los primeros y más notables hijos de La Línea. La distancia no siempre es olvido, también es perspectiva. Y para aquellos que sólo tengan una referencia vaga de su figura yo les recomiendo, si se me permite, que escojan, de entre tantos recuerdos que visten estas paredes de La Cuadra, acumulados por Juan durante toda una vida, que se paren ante esos poemas y dedicatorias que ilustraran a este personaje… A Juan y a su guitarra en La Cuadra, porque son un binomio que se complementan y se explican el uno al otro, D. Juan García Cabreros lo dijo mejor: Fundidos los dos en uno/ cual centauro musical/ Juan Mesa con su guitarra/ y la guitarra con Juan. / Dan la impresión de uno solo/ de un sólo bloque que está/ sólido, firme, macizo/ como se debe de estar; / sin grietas y sin fisuras/ por toda la eternidad.
Por toda la eternidad… Al menos, es de esperar que los tiempos venideros recuerden a este centauro musical. Porque Juan Mesa fue algo especial, sin duda tenía un sentido de la vida… que sí que es frecuente en esta tierra; pero en él coincidían unas circunstancias muy marcadas por su sensibilidad musical y por su vivir en las cuatro paredes de este rincón andaluz, como él solía repetir de La Línea recordando a Muñoz Molleda. Su preocupación por todo lo relacionado con el arte le llevó a figurar en la primera fila de las sensibilidades artísticas de la ciudad. Atento siempre a la mínima inquietud en cualquier área de la cultura, la grande y la nuestra que no es menos grande. Toda inquietud él la traducía a los mágicos sonidos de su guitarra. Su guitarra… como Beli Moya le dijo un día: “Tu guitarra…/ desnuda y morena, / sueños de arcángeles/ en sus cuerdas lleva. …/ La luna de nácar, / rezará con sus castañuelas, / y… al frente de todo, / Juan, tu guitarra es bandera.
E hizo Juan una bandera celeste y blanca con su sonanta querida. Entre arcángeles cantaores me imagino yo a al amigo, tremoleando donde recen las castañuelas o donde la siguiriya se rompa la camisa, casi ahogada de emociones o renacida con una falseta donde quede un ascua de linensismo con categoría para figurar en las vitrinas de una Cuadra Eterna. Esta reconstrucción es un tributo de Debla, que diría Juan. Y quien se acerque a este recinto, donde campea el eco de una guitarra, la de Juan, que sepa mirar y ver… Hasta que escuchando oiga el secreto revelado de Juan, como se lo desveló a Eugenio Silverio, también amigo suyo y de su guitarra que le dice:…/ ¿Acaso el secreto guardas, / celoso del viento que vibra/ con todas sus liras y arpas?/ ¿O eres -y así te creo-/ hombre de noble linaje?/ De esos que no confunden/ la mala cuerda/ con el buen arte.
El linaje de Juan… Juan estaba hecho de una pasta que sabía de amasijos de levantes y ponientes, de alambiques de cristal y corazones en enredaderas. Amaestró a cien gatos con farrucas, soleares y serranas, y las lagartijas eran bailaoras en las paredes del patio de la Cuadra, un ballet hipnotizado por la música más sincera, sonido que no necesitaba flecos ni volantes… Sólo la honrada música de sus cuerdas y honestos claveles de aquellas macetas. Su secreto era la sensibilidad hacia el arte en todas sus medidas, su guitarra, encendida con la luz de nuestros atardeceres…; hay tanta playa de Poniente en su guitarra… tanta Atunara en su clavijero.
Y no sólo era querido y respetado en su querida ciudad de La Línea, sino que su estilo y su sabiduría, su saber estar, trascendía más allá del Cachón. Antonio Gala le dejó escrito en junio del 8, aquí en La Cuadra: “A Juan Mesa, que con los “Sonidos Negros” de su guitarra hace más blanca a la España Blanca. Con amistad reiterada y admiración creciente.” Yo he sido testigo de cómo era saludado fuera de La Línea por artistas de gran talla, cómo cantaores y cantaoras de reconocido prestigio, de flamenco o de copla, cantaban acompañados por Juan, dejándose llevar por las veredas mágicas que él tan bien conocía.
Alguna mariposa, de las de su mariposero, suspira y nos trae el eco de Guillermo Fonseca, otro centauro de báquico perfil que, en la plenitud de un claroscuro de La Cuadra, se alza como un profeta pidiendo silencio a una toná; ante el “faraón de seis pirámides”, como le llama, nos advirtió desde una eternidad de barca en premonición genial: “Que nadie toque mi guitarra,/ que nadie cuando yo no esté/ ose tocarla./ Dejadla si puede ser/ entre la yerbabuena y la albahaca./ Cuando yo no esté, dejadla./ Cuando yo no esté,/ cuando yo sea ciprés sin viento,/ que duerma en las espadas del tiempo./ O si acaso, en los cármenes de Granada./ ¡No despertarla!/ Que nadie, lo ruego, ose tocar mi guitarra.”
Que los ángeles de La Cuadra nos consientan, sin tocar su guitarra, despertarla a cada instante, que un sueño nos permita remover, en el amasijo de los recuerdos, la evocación emocionada de la admiración. Que ésta reconstrucción sea para que los linenses que han de venir entiendan cómo hay que ser: primero persona de bien, entregada a su sensibilidad y entregado a lo más sublime que haya en este mundo; luego, linense de verdad, pero con sal e inteligencia… Con los sones que Juan no legó. Mi primo, Rogelio Rodríguez, le dijo a Juan en 1989: “Son sones de Andalucía/ que anidan en tu cabeza/ la que tus manos guían/tornándolos fantasía. / Que Dios te guarde, Juan Mesa.
Que Dios te guarde, Juan Mesa… No quiero terminar, esta celebración, sin hacer un reconocimiento a la familia de Juan, a la Peña Flamenca Linense, a cuantos han trabajado para agrupar estos recuerdos y crear un clima para que, más que nostálgico, sea de admiración, cariño y respeto por la figura de Juan Mesa Serrano. Al mismo tiempo pedirles que el gran legado de nuestro amigo, su colección fonográfica, digna de figurar como bien patrimonial intocable, sirva para que estudiosos y aficionados puedan oír y consultar su valioso contenido. Yo sé que Juan lo quería así. Y ningún lugar mejor que éste, baluarte pacífico en defensa del Arte Flamenco, para albergar y ofrecer sus reliquias de vinilo y pizarra. Quizá, así, la vocación docente del maestro se vea colmada de futuro… él diría, remedando a nuestro admirado Manolo Caracol cuando dedicó a los niños de España su “penúltimo” fandango: “Por los niños de… La Línea”.
Señores, que sea por la memoria del amigo que no se ha ido, por Juan Mesa en La Cuadra para siempre.
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